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Transformando el Derecho con Legal Design
agosto 7, 2020

Por Pablo Arteaga.

La decisión sobre la carrera universitaria que se  ha de seguir no siempre es sencilla, lo más común es que se nos presente a las diversas profesiones como excluyentes. Recuerdo aun cuando me entusiasmé muchísimo por seguir la carrera de ingeniería en diseño automotriz, de la que finalmente desistí y terminé optando por Derecho. La creatividad y los autos los guardé en el baúl de los recuerdos porque me lo enseñaron así: en el abogado se valora la elocuencia, el pensamiento crítico, la capacidad de argumentación pero (casi) nunca la creatividad.

Las reflexiones de este pequeño artículo serán de provecho a quienes han tenido que elegir entre “un camino profesional u otro”;  a quienes han descubierto que “no debe ser así” y quieren transformar su visión de la prestación de servicios legales; a quienes solo vienen buscando encontrar cómo ser más competitivos potenciando su oferta de valor; y, especialmente, a quienes quieren –con ayuda del Derecho-  hacer del mundo un lugar mejor.

La dinámica social actual trae consigo nuevas y complejas realidades que requieren soluciones integrales que cada vez exigen más de los profesionales. Hasta hace no mucho el Derecho –o más bien los abogados- parecían impermeable a estas exigencias pero de a poco se ven compelidos de ceder y toman conciencia de la necesidad de nuevos perfiles profesionales y nuevos modelos de educación.

Los T-shaped lawyers

 

 

Respecto del perfil del abogado, es ya casi un clásico hablar del “T-Shaped Lawyer”. Esta idea hace referencia a un profesional del Derecho que tenga un profundo conocimiento legal (evocado por el segmento vertical de la “T”), pero que además posea conocimiento significativo de otras disciplinas (segmento horizontal de la “T”). Esta idea contrasta con la visión “tradicional” que se centra nada más en la experiencia y el conocimiento legal y cuya carrera profesional consiste (dentro de las firmas de abogados) en lograr llegar a ser socio.

Este nuevo modelo de perfil profesional, sin embargo, no se trata de una operación de resta a los conocimientos legales sino una evolución cualitativa en la que a ellos y a la experiencia se suma una nueva serie de skills y un esquema mental distinto. Adoptar este cambio cualitativo te convierte en un profesional competitivo en un mercado cada vez más exigente, además que trae nuevas oportunidades y (seamos sinceros) hace nuestra carrera algo mucho más entretenido.

Dentro de los conocimientos que debe incorporar el abogado están los relacionados al diseño (“Design Thinking”), en general,  y su aplicación al sector legal (Legal Design).

¿Qué son el Desing Thinking y el Legal Design?                                                 

Antes de abordar qué es el Design Thinking, conviene preguntarse qué es el diseño como una disciplina, pues solo entonces se puede comprender mejor cómo es posible su aplicación al Derecho. Para el efecto hay que partir del hecho que esta disciplina ha evolucionado a lo largo del tiempo.

Según Martin Tomitsch y Cara Wrigley en la introducción a la obra “Design. Think. Make. BreakRepeat.: A Handbook of Methods”, el diseño, respecto de utilidad, ha sido visto de diversas formas: primero como herramienta para mejorar las técnicas de construcción; luego como una para mejorar la apariencia, factores humanos y usabilidad en los productos; posteriormente como útil para obtener mejores ideas y mejor integración (incluyendo mejor experiencia del usuario e inclusión social); y, actualmente, como una “vía para resolver problemas complejos y no lineales, que no se pueden resolver solo con enfoques tecnológicos o científicos” y que “proporciona un marco para comprender las necesidades de las personas, así como el espacio para traducir estas necesidades en soluciones”.

Es esta última visión (veáse nivel 4 en el gráfico) la que abre las puertas del campo del diseño, haciendo que este sea útil no solo a profesionales con habilidades técnicas en esta disciplina. Así, el diseño puede emplearse en cualquier campo como una manera de pensar que provee ventajas estratégicas. 

 

No resulta sorprendente que a esta visión del diseño se la suela llamar “Design Thinking”, sin que ello deba confundirse con el nombre que en algunos modelos se le da a una de las etapas del proceso de diseño que está enfocada en ideas o pensar (por contraste a la que se dedica a “hacer”, “Design Doing”).

Es necesario advertir que existen diversos modelos de diseño que traducen esta manera de pensar en un marco de referencia con pasos concretos, cada uno de ellos tiene sus ventajas específicas. En todo caso, el proceso suele tener tres etapas o momentos que conceptualmente se incluyen en todas las fases propuestas por los diferentes modelos: una dedicada a conocer el problema y obtener ideas; un momento más activo en el que se prototipa (hacer) la posible solución; y, un tercer momento en el que se implementa la solución y  se obtiene el feedback de todos los stakeholders para nuevamente comenzar el proceso. 

Los puntos en común que se puede identificar en entre los modelos son: (1) la centralidad del usuario o cliente; e, (2) iterar por el proceso de diseño lo más rápido posible y las veces que lleguen a ser necesarias. 

En síntesis, el diseño (o si se quiere Design Thinking) se lo entiende como una manera de aproximarse a los problemas y proveer soluciones.  Respecto de sus aplicaciones puede referirse tanto productos, como servicios, espacios (ambientes físicos) y sistemas.

En lo que respecta al Legal Design, me remito a la definición que provee Margaret Hagan[1], directora del Legal Design Lab de Standford University, en su obra Law by Design: “El Legal Design es la aplicación del human-centered design al mundo del Derecho, para hacer los sistemas y servicios legales más centrados en el ser humano, utilizables y satisfactorios”[2].

La referencia a human-centered design, puede parecer algo confusa, sin embargo, no hay de fondo una diferencia profunda respecto del design-thinking[3]. De modo que, para efectos de continuar con este breve artículo diremos que el Legal Design es la aplicación del diseño al Derecho.

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¿Para qué me sirve aprender diseño?

Una primera respuesta a esta interrogante sería: para ganar una ventaja competitiva y hacer a la prestación de servicios legales más humana e inclusiva. Pero, ¿concretamente cómo podría ayudar el diseño a eso? ¿Qué aplicaciones puede tener en el Derecho?

El diseño, como ya se dijo puede aplicarse a productos, servicios, espacios (ambientes físicos) y sistemas. El sector legal no es la excepción, por lo mismo con él se puede, entre otras cosas:

  • Diseñar contratos y otros documentos legales con el fin de mejorar su comprensibilidad empleando visual design. De igual manera se puede trabajar  en optimizar la estructura y simplificar el lenguaje. ¿No es una ventaja ofrecer un contrato que sea fácilmente inteligible como para dinamizar el negocio entre las partes o servir dentro de un proceso de resolución de conflictos? Frente al juez agotado de gestión de documentos ¿No es también provechoso proveerle un documento que por ser simple y eficaz en transmitir lo que se pretende le simplifique su trabajo en el contexto de su (monótona) rutina? En los informes que se efectúan para clientes corporativos ¿qué se valora más? ¿una montaña de información legal ininteligible y monótona o información concisa, bien organizada, simplificada, con elementos visuales explicativos y atractivos? 
  • Diseñar servicios ya sea el que se va a ofrecer al cliente o el que se va a ayudar a diseñar para el giro de negocio de éste. También puede aplicarse en el sector público. Enfocarse en el usuario, poniéndolo en el centro del proceso de diseño, da como resultado obtener un servicio eficaz, eficiente y más humano.
  • Diseñar procesos dentro de los despachos como también para el servicios públicos. Con ello, como se anotó, se logra un proceso eficaz; eficiente; y, centrado en las personas, ajustado a sus necesidades, deseos y realidad.

    Centrarse en las personas es crítico, no solo por una convicción moral de que los servicios legales deben prestarse considerando la dignidad de las personas (lo que implica  que los procesos no sea tortuosos y denigratorios; y que sean lo más amigables y agradables posible); sino además la seria implicación de retención del talento: las nuevas generaciones que se incorporan a la fuerza laboral tiene diferentes aspiraciones y miran de manera crítica un despacho que no tenga un serio compromiso con el bienestar de sus empleados.

Estas y muchas más son las aplicaciones que puede tener el legal design. Hay que tener claro que el diseño llega al Derecho para tecnificar lo que antes se hacía solo de forma -en el mejor de los casos- “artesanal”, cuando no rústica. No es que los abogados no diseñen sino que diseñan mal porque no saben cómo hacerlo. La elección no es “diseñar o no diseñar” sino “diseñar bien o hacerlo mal”.

Por otro lado, aún más allá de estas aplicaciones al sector legal, es importante tener en cuenta que el diseño trae consigo una forma distinta de ver el mundo donde la empatía, la colaboración y la centralidad del ser humano son clave. Es por ello que en este post no me he limitado a referir que el abogado debe aprender y usar legal design, sino que he mencionado que él: (1) debe aprender diseño (con el paradigma que he descrito) y (2) aplicarlo al sector legal. A esto se le puede agregar, que es necesario: que interiorice y haga suyos esos valores positivos (del diseño) no solo para ser un profesional competitivo sino un mejor ser humano. 

 ¿Cómo puedo empezar a aprender?

Si con este post he logrado animarte a aprender diseño y repensar tu forma de concebir la abogacía, he cumplido de sobremanera mi objetivo; sin embargo, ante de concluir no puedo dejar de señalar un camino práctico de los pasos que se pueden dar para iniciar esta transformación personal y profesional que exige el mundo actual.

Afortunadamente, hoy en día es muy fácil acceder a información y cursos de calidad –muchos de ellos gratuitos- para aprender no solo diseño sino otras diversas habilidades que se requiere para ser un T-shaped lawyer. A continuación algo de material que puede ser de ayuda:

Design thinking:

El curso “Innovaqtion Trough Design: Think, Make, Break, Repeat” de la Universidad de Sydney, “Design Thinking” de HEC París y “Design thinking for innovation” de la Universidad de Virginia son cursos completos de los elementos fundamentales del design thinking. 

  • Libro “Change by Design: How Design Thinking Transforms Organizations and Inspires innovation” de Tim Brown.
  • Libro “Designing the invisible: An Introduction to Service Design” de Lara Penin
  • Libro “This is Service Design Doing” y su página web (con material gratuito): thisisservicedesigndoing.com

Legal Design

De igual forma con una sencilla búsqueda de “Legal Design” o “Design thinking” en tu plataforma de podcast preferida, YouTube o Google encontrarás mucho material de interés.

Conclusión

La carrera profesional del abogado ahora exige un perfil nuevo (T-shaped lawyer) y abre la puerta a una amplia serie de oportunidades donde ser un profesional hibrido (más de una carrera o expertise) da un valor agregado (y un ejercicio profesional más entretenido).

El diseño es más que un modo de aproximarse a los problemas y desarrollar soluciones, trae valores que conviene interiorizar para ser mejores personas: empatía, colaboración y centralidad del ser humano.

El legal design es la aplicación del diseño al Derecho, conocerlo y aplicarlo trae una ventaja competitiva pues todo abogado diseña y debe elegir entre hacerlo de forma rudimentaria o con metodología y técnica. Con este conocimiento y mindset el abogado puede desarrollar mejores productos, servicios y sistemas, agregando valor al conocimiento jurídico y la experiencia que tiene; además que le brinda la oportunidad de hacer de la prestación de servicios legales algo más humano e incluyente.

[1] https://www.linkedin.com/in/margaret-hagan-a7b18941/

[2] https://www.lawbydesign.co/legal-design/

[3] https://thinkernautas.com/diferencias-design-thinking-human-centered-design