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Inteligencia Artificial y prestación de servicios legales
julio 15, 2020

Por Pablo Arteaga

 

“La IA automatiza tareas, no trabajos. ¿Es el fin de los abogados? ¡No! ¿Fin de algunas tareas que hacen los abogados? ¡Sí! […] está en nuestras manos influenciar el futuro”. 

– Mari Sako

La crisis en la que actualmente vivimos ha visibilizado un cambio que se venía dando ya con mucha potencia, una evolución del sector legal influenciada por la tecnología y por ideas nuevas e innovadoras. Esta transformación es inminente pero para poder abordarla de forma inteligente es necesario tener una aproximación adecuada al cambio. La implementación de tecnología no debe hacerse de forma compulsiva, el re diseño del sistema tiene que centrarse en el ser humano y en datos reales, el sentido crítico debe llevar a valorar los elementos valiosos del pasado y proyectarse valientemente al futuro. Esto, hoy por hoy, es posible y mucho más sencillo que en antaño: el internet nos permite acceder a un sinfín de información valiosa.

Entre estos aportes de valía se encuentra el Legal Tech Essentials 2020, ofrecido por la vanguardista Universidad alemana Bucerius Center. Este curso de verano, por primera vez abierto al público de manera gratuita, congrega a diversos referentes en el tema de Legal Tech a nivel mundial. Ha tenido además, en esta ocasión, como resultado la generación de una comunidad mundial (y regional, LATAM) de profesionales que comparten una misma pasión: el Legal Tech. 

En este post, trataré de condensar y reflexionar sobre los aportes en torno al rol de los abogados que ofreció Mari Sako de la Universidad de Oxford, en su conferencia: “Al-Enabled Business Models for the Delivery of Law” (Modelos de negocio posibles gracias a la Inteligencia Artificial, para la prestación de servicios legales), dictada este 13 de julio. La solidez de sus reflexiones se explica en gran parte por estar construidas sobre datos empíricos.

Un primer punto de partida es el efecto de la inteligencia artificial (en adelante, IA) en las tareas (no en los empleos).  Tal efecto se da, según la catedrática de Oxford, en dos direcciones: 1) sustitución: cuando la tecnología IA reemplaza al ser humano; y, 2) complemento o apoyo: cuando la tecnología IA tiene una relación de “incremento” o “aumento” (augmentation) respecto del ser humano. Esta segunda dirección se bifurca a su vez en dos posibilidades: a) La IA incrementa las posibilidades del abogado a la hora de desempeñar su trabajo; y, b) la herramienta de IA recibe el aporte del abogado cuando éste trabaja para desarrollarla como parte de un equipo multidisciplinario.

Estas ideas son aplicables no solo a la IA sino además a las otras herramientas tecnológicas que pueden aplicarse en el sector legal. 

Ahora bien, como un segundo punto, se debe mirar más a fondo la última dirección descrita. A partir de ella puede distinguirse una categorización importante dentro del gremio de los abogados: aquellos que son “consumidores” de la IA y aquellos que participan como productores en el proceso de desarrollo de la IA. Los abogados consumidores son quienes reciben -mediante el uso (consumo) de IA- un “incremento” en su capacidad de brindar asesoría a sus clientes. Sus consejos se fundan, no simplemente en sus instintos, sino en la interpretación que realizan de los datos provistos (output) por las herramientas de IA. 

Por otro lado, los abogados productores son aquellos que trabajan dentro de un equipo multidisciplinario en el que se desarrolla una herramienta de IA que será aplicada al sector legal directamente o se vincula de algún modo con él.

 

Este aporte debe a su vez considerarse en contexto con otros varios sobre el futuro de la prestación de servicios legales [1] y los nuevos perfiles de abogados. En esta magnífica conferencia Mari también delinea tres posibles escenarios sobre estos temas, sobre ellos se podría discutir ampliamente: las posibilidades son realmente cautivantes. Se ve en el horizonte perfiles híbridos como: lawyer-manager (con experticia en project & process managment); abogados programadores (con experticia en data science); directores de operaciones legales; ingenieros legales.

Todas estas consideraciones son a la vez alentadoras y desafiantes: como abogado, antes que miedo a ser reemplazados por una máquina, hay que mirar el abanico de nuevas posibilidades que se tiene. Una cosa sí es cierta, el temor al cambio no es una opción, es imperante modernizarse los cual implica no solo aprender sobre tecnología sino abrirse a nuevas ideas, nuevas posibilidades, romper esquemas mentales. De no hacerlo simplemente perderemos el tren del “nuevo modelo de prestación de servicios legales” (#NewLaw), un modelo que aún no acaba de delinearse y que parece que una de sus características fundamentales será siempre ser dinámico. Lo que sí se muestra actualmente como una realidad innegable es que cada vez más para la resolución de problemas legales se necesitan abogados con perfiles híbridos (que no “solo” sepan derecho), o -mejor dicho- profesionales con perfiles híbridos (Sí, que los «no-abogados» se les permita también resolver problemas legales). ¡Es hora de que los abogados dejemos de creernos imprescindibles para el Derecho como si fuéramos titulares de un monopolio natural en la prestación de servicios legales!

[1] Richard Susskind, por ejemplo, considera que es más apropiado hablar sobre “cómo se resolverán los problemas legales en el futuro”, en lugar de “el futuro de los abogados”. Con esto no es pesimista con el rol de los abogados, pero sí quiere dejar en claro que es posible obtener el mismo resultado (solución legal) empleando diferentes medios e incluso un prestador de servicio que no sea abogado.

Por Pablo Arteaga