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Un enemigo oculto
septiembre 2, 2019

Nos encontramos en un mundo globalizado e hiperconectado, no ser parte de la red es imposible. Hoy en día, se nos hace indispensable tener un medio de información constante y  las redes sociales han dado un paso adelante para transformarse en esos conductores de información constante, en nuevos medios de comunicación. Cuando creamos nuestros perfiles en cualquier red social le hemos otorgado inmediatamente datos e información que a primera vista es irrelevante,sin tomar en cuenta el valor que sumará en el tiempo. Debemos cuestionarnos si es una pérdida de empoderamiento involuntaria, sistemática y sigilosa… imperceptible.

Aquella pérdida inherente a nuestra pertenencia a las redes en largos períodos de tiempo, puede conllevar un peligro intrínseco. ¿Tenemos en nuestras manos un arma de doble filo? el haberse otorgado cierta parte de nuestras vidas tiene les ha dado la capacidad de predecir de cierta manera nuestro comportamiento o gustos y formas de decidir.

 Las redes sociales han revolucionado de manera trascendente la interacción de nuestra la sociedad, pero si tomamos en cuenta el peso de esa trascendencia nos daríamos cuenta del poco peso que tenemos a una determinada red social. Para entender la debilidad de cada uno de los que conforman esta red basta con mirar por unos segundos la página principal de nuestra aplicación favorita (feed) y reconocer que cada post, foto, video o cualquier tipo de mensaje que en ella aparece es de nuestro agrado y temas de los cuales nos reconocemos muy interesados, cuando no absurdamente de acuerdo. Sucede que hemos proporcionado tal cantidad de información sobre nuestros gustos, deseos y
hasta miedos, que ellos han sido detalladamente analizados y procesados para transformarnos en receptores de información que nos hace más dependientes de esta red social.

 Parecería que las redes este serían el medio ideal para el amplio desarrollo y aprendizaje de una persona; sin embargo, también podría ocurrir que la persona, al entrar en contacto con las redes sociales empiece a crear una nueva identidad con la cual expresa muchas cosas que en el día a día no sostiene, como un receptáculo de sus miedos y secretos desde el que no puede ser puesto en evidencia.

Para tratar de evitarlo, debemos detenernos por un segundo a pensar en manos de quién estamos dejando nuestra información y de cierta manera nuestra vida. Deberíamos comprender que nuestra privacidad tiene un límite y quien lo establece, estira o recoje, tendríamos que ser sólo nosotros mismos.

 No esperemos que llegue el día en el que nos sea imposible el mantener nuestra vida fuera de redes sociales. Porque cuando ese día llegue la sociedad de cierta manera ya estará perdida.